*Por Patricia Janeth Rengel Calvopiña y David Alejandro Cañas Sigüenza
En las ciudades, nos exponemos diariamente a la contaminación atmosférica generada por vehículos, fábricas y un largo etc. Cuando pensamos en los bosques amazónicos, creemos que ahí la realidad es diferente —el aire es puro, todo es verde y la gente goza de excelente salud. Desafortunadamente, el imaginario choca de forma radical con la realidad de la Amazonía ecuatoriana, particularmente en áreas de influencia de las actividades de la industria petrolera. Allí, la quema y el venteo de gas fósil asociados a la producción petrolera repercuten en la salud y la calidad de vida de sus habitantes.
Un emblemático ejemplo es el caso Niñas vs. Gobierno de Ecuador por autorización de la quema y venteo de gas en mecheros de campos petroleros en la Amazonía en Ecuador. En él, la Sala Multicompetente de la Corte Provincial de Justicia de Sucumbíos, aceptando un recurso de apelación, declaró que "el Estado ecuatoriano ha desconocido el derecho que les asiste a las accionantes, a vivir en un ambiente sano y ecológicamente equilibrado; desatendiendo con la actividad contaminante, su derecho a la salud al no promover el uso de tecnologías ambientalmente limpias y de energías no contaminantes y de bajo impacto".
¿Qué es el gas fósil asociado a la producción de hidrocarburos?
Los yacimientos petroleros en la Amazonía contienen una mezcla de petróleo, gas y agua encapsulada bajo tierra a altas presiones. Tanto el petróleo como el gas son de origen fósil y son producto de la degradación de materia orgánica sin oxígeno y en condiciones específicas: 760 y 4880 metros de profundidad y temperaturas de entre 65 °C y 150 °C. Bajo la superficie, la variación de estas dos variables —presión y temperatura— es responsable de que se genere petróleo (¡hecho de al menos 150 diferentes tipos de hidrocarburos!), gas y mezclas de estos.
Así, el gas fósil es resultado de la degradación de materia orgánica a condiciones de temperatura y presión intensas. Mientras una parte de los materiales se convierten en petróleo, otra parte se transforma en gas. El gas fósil es una mezcla de varios compuestos como propano, etano, sulfuro, pero principalmente se compone de metano (CH4). El metano es considerado un contaminante climático de vida corta porque, después de 7 a 12 años en la atmósfera, se desintegra. Pero en ese tiempo, relativamente corto, tiene un potente efecto invernadero, ya que su potencial de calentamiento es hasta 80 veces mayor que el de una molécula de CO2. Entonces, limitar hoy este tipo de emisiones tendrá efectos reales durante la próxima década, y duraderos. Mitigar las emisiones de metano es urgente y representa una ventana de oportunidad para limitar el aumento de temperatura del planeta.
Quema y venteo: malas prácticas del sector hidrocarburos
Quemar y ventear el gas fósil es la forma “fácil” que ha encontrado la industria petrolera para deshacerse del gas. Aquí lo fácil está muy lejos de ser lo correcto. Cuando se extrae petróleo, se extrae también el gas del yacimiento. Si en superficie el gas no se puede usar o vender, se emite a la atmósfera. Esta es una práctica contaminante y agravante de la crisis climática que, por años, quienes extraen petróleo han empleado para deshacerse del gas. Más comúnmente, el gas se quema en antorchas metálicas conocidas como mecheros, lo cual sigue siendo una mala práctica porque la combustión también libera contaminantes atmosféricos que causan daños graves a la salud humana.
La quema del gas irradia calor, produce dióxido de carbono (CO2) y agua. De ella también emanan otros gases, por ejemplo, sulfuro de hidrógeno (H2S), un gas ácido que se vuelve destructivo al mezclarse en el agua. Si este gas y otros subproductos de la quema en mecheros se mezclan con el aire, las nubes y la lluvia capturan los componentes tóxicos en suspensión, y la carga de contaminantes transforma la lluvia en lluvia ácida. Las lluvias que bañan todo el territorio, cargadas de contaminantes, llegan al suelo y a las fuentes de agua, afectando por igual a cada ser vivo. Algo similar pasa con los óxidos de nitrógeno (NOx), que reaccionan con el oxígeno (O2) del aire y se produce ozono troposférico, que tiene efectos muy negativos en el sistema respiratorio y puede provocar inflamación de las vías respiratorias, cáncer de pulmón, entre otros.
El venteo consiste en liberar el gas a la atmósfera, emitiendo gas metano y otros gases a través de los mecheros. Aunque no pueda verse sin instrumentación especializada, el resultado es una pluma de gas metano. El metano tiene la propiedad de ser incoloro, lo que hace que las comunidades y residentes aledaños no sepan a ciencia cierta si los mecheros están o no contaminando. Además, el metano liberado calienta la atmósfera y es precursor del ozono troposférico, un contaminante que daña la salud y los cultivos, además de ser un potente gas de efecto invernadero.
La quema y venteo contribuyen al calentamiento del planeta y causan graves afectaciones a la salud con el tiempo. Estas malas prácticas se vuelven comunes dado que son baratas y los controles ambientales implementados son escasos. Estas emiten continuamente contaminantes a la superficie, afectando no solo los medios de vida y la salud de las personas de comunidades cercanas, sino también ecosistemas, el agua, la fauna y la flora alrededor de los mecheros, particularmente en periodos de larga exposición.
En ambas prácticas, el gas asociado a la producción petrolera es visto como un producto sin valor económico y no se considera su potencial energético, ni sus efectos contaminantes y agravantes de la crisis climática.
Idealmente, el gas debería capturarse y usarse como combustible, pero las empresas a cargo de la explotación de petróleo evitan invertir en sistemas de captura, almacenamiento, transporte y distribución de gas. No solo desestiman el gas como una fuente de energía, también desestiman el valor de los territorios libres de contaminantes, del derecho a vivir en un ambiente sano de las personas en las áreas de afectación y el derecho a un clima estable de cada habitante del mundo.
Desperdicio de recursos y contaminación
De acuerdo con el Banco Mundial, en 2024, se ventearon o quemaron al menos 151 billones de metros cúbicos de gas a la atmósfera en el sector petrolero y gasífero, una cifra récord. Para dimensionarla, es casi la mitad del consumo de gas de Europa y supera el total consumido en 2023 por los países del top 8 de mayores consumidores de gas del mundo, incluyendo Arabia Saudita, Canadá, Japón y México. Los números evidencian que ¡el gas que se quema o ventea podría cubrir necesidades energéticas de países enteros!
El Banco Mundial calcula que las emisiones de metano de 2024 pueden contaminar tanto como 389 millones (389 000 000) de toneladas de CO2 si la eficiencia en la quema del gas fósil es del 98 % y si solo 2 % de metano escapa a la atmósfera sin combustión. Este cálculo se basa en las mejores condiciones para la quema. Sin embargo, también reconoce que una eficiencia apenas 4 puntos menor, es decir, del 94 % en la quema, significaría tres veces más metano liberado, es decir, 138 millones de toneladas de metano ingresando a la atmósfera, a las que hay que sumarles los millones de toneladas de CO2 resultantes de la quema.
Combustión incompleta y emisiones fugitivas
La quema y el venteo de gas son una fuente significativa de emisiones de gases de efecto invernadero que siguen agravando la crisis climática. La efectividad durante la quema de gas fósil es tremendamente variable, con porcentajes que van del 62 % hasta el 99 %, lo que significa mayores emisiones de metano cuanto menor es la eficiencia.
De acuerdo con el IPCC, la quema y venteo se clasifican como emisiones fugitivas . Estas se refieren a las fugas de gas en toda la cadena de explotación, producción y refinación, almacenamiento, transporte, distribución y procesamiento del gas.
Las situaciones de emergencia son quizás el único caso en el que la quema y venteo pueden ser prácticas aceptadas. Esto sucede cuando la presión de los sistemas se eleva y su reducción es necesaria para evitar poner en riesgo la vida de personas trabajadoras y habitantes en los alrededores. Si hay un incendio, una ruptura de válvulas, daños en la cadena de extracción y producción de hidrocarburos o fallas de algún tipo que comprometan la estabilidad del sistema, entonces y solo en cortos periodos de tiempo puede entenderse como necesario quemar o ventear gas.
¿Por qué se debe evitar la quema en mecheros?
La quema y el venteo de gas no solo liberan grandes cantidades de gases de efecto invernadero (GEI), sino también precursores de GEI, otros hidrocarburos, material particulado y carbón negro (hollín). En particular, el carbón negro tiene la capacidad de absorber la radiación solar, lo que exacerba el calentamiento de los lugares donde se concentra.
Lastimosamente, la contaminación de la quema y venteo en mecheros ha sido subestimada por la industria y existen escasos estudios para contrastar. Lo más usual, a partir de la información relacionada con esta práctica, es tener reportes generales sin detalles de las características de la composición del gas y de la combustión o quema.
¿Qué se puede hacer? Mejores prácticas y otras acciones
La mejor y más ambiciosa alternativa es implementar procesos que no liberen metano a la atmósfera. En el corto y mediano plazo, para hacer frente al venteo o la quema, la alternativa es aprovechar el gas fósil. Esto implica inversiones para cubrir los requerimientos técnicos y de infraestructura necesarios para acondicionar, comprimir, transportar y almacenar el gas fósil. Con más detalle, las alternativas a las malas prácticas de quema y venteo son:
- Reinyección de gas en los yacimientos para ser preservados para el uso futuro.
- Reinyección del gas en los yacimientos para la recuperación mejorada del petróleo.
- Uso in situ o ex situ para la generación eléctrica.
- Instalación de la cadena de almacenamiento, transporte y distribución hasta los consumidores finales.
La gestión y aprovechamiento del gas fósil no sólo debe responder a la viabilidad económica de una alternativa. Sino también, a la gestión adecuada de un contaminante atmosférico y una sustancia peligrosa a la salud. Esto es obligación y responsabilidad de los productores.
Reflexiones finales
La reducción y eliminación de las emisiones de metano del sector petrolero y gasífero constituyen una clara oportunidad para lograr las metas de reducción de gases de efecto invernadero y quizás mantener el cambio climático por debajo de 2 °C, ya que con cada día que pasa cumplir la meta de 1.5 °C ya no parece ser realista.
Limitar la quema y el venteo a casos de emergencia permite la reducción de gases de efecto invernadero, incluyendo el metano, y abre una ventana de oportunidad gigante en nuestra carrera por mantener la temperatura del planeta en niveles que permitan el desarrollo estable de la vida.
La reducción del venteo y de la quema de gas fósil es una medida necesaria tanto para mitigar el cambio climático como para que las comunidades afectadas históricamente sean compensadas y se restituya su derecho a un ambiente sano. Existen alternativas, así como análisis técnicos y económicos de viabilidad, para la captura, transporte y uso final del gas. Los lineamientos para la aplicación de las alternativas deben evolucionar para ver más allá de los costos económicos, las inversiones y regalías, considerando también los costos ambientales y climáticos de no aplicar las alternativas.
Hasta ahora la quema y venteo son usuales, pero son prácticas que deben ser eliminadas para garantizar el derecho a un ambiente sano.
*Por Patricia Janeth Rengel Calvopiña y David Alejandro Cañas Sigüenza
En las ciudades, nos exponemos diariamente a la contaminación atmosférica generada por vehículos, fábricas y un largo etc. Cuando pensamos en los bosques amazónicos, creemos que ahí la realidad es diferente —el aire es puro, todo es verde y la gente goza de excelente salud. Desafortunadamente, el imaginario choca de forma radical con la realidad de la Amazonía ecuatoriana, particularmente en áreas de influencia de las actividades de la industria petrolera. Allí, la quema y el venteo de gas fósil asociados a la producción petrolera repercuten en la salud y la calidad de vida de sus habitantes.
Un emblemático ejemplo es el caso Niñas vs. Gobierno de Ecuador por autorización de la quema y venteo de gas en mecheros de campos petroleros en la Amazonía en Ecuador. En él, la Sala Multicompetente de la Corte Provincial de Justicia de Sucumbíos, aceptando un recurso de apelación, declaró que "el Estado ecuatoriano ha desconocido el derecho que les asiste a las accionantes, a vivir en un ambiente sano y ecológicamente equilibrado; desatendiendo con la actividad contaminante, su derecho a la salud al no promover el uso de tecnologías ambientalmente limpias y de energías no contaminantes y de bajo impacto".
¿Qué es el gas fósil asociado a la producción de hidrocarburos?
Los yacimientos petroleros en la Amazonía contienen una mezcla de petróleo, gas y agua encapsulada bajo tierra a altas presiones. Tanto el petróleo como el gas son de origen fósil y son producto de la degradación de materia orgánica sin oxígeno y en condiciones específicas: 760 y 4880 metros de profundidad y temperaturas de entre 65 °C y 150 °C. Bajo la superficie, la variación de estas dos variables —presión y temperatura— es responsable de que se genere petróleo (¡hecho de al menos 150 diferentes tipos de hidrocarburos!), gas y mezclas de estos.
Así, el gas fósil es resultado de la degradación de materia orgánica a condiciones de temperatura y presión intensas. Mientras una parte de los materiales se convierten en petróleo, otra parte se transforma en gas. El gas fósil es una mezcla de varios compuestos como propano, etano, sulfuro, pero principalmente se compone de metano (CH4). El metano es considerado un contaminante climático de vida corta porque, después de 7 a 12 años en la atmósfera, se desintegra. Pero en ese tiempo, relativamente corto, tiene un potente efecto invernadero, ya que su potencial de calentamiento es hasta 80 veces mayor que el de una molécula de CO2. Entonces, limitar hoy este tipo de emisiones tendrá efectos reales durante la próxima década, y duraderos. Mitigar las emisiones de metano es urgente y representa una ventana de oportunidad para limitar el aumento de temperatura del planeta.
Quema y venteo: malas prácticas del sector hidrocarburos
Quemar y ventear el gas fósil es la forma “fácil” que ha encontrado la industria petrolera para deshacerse del gas. Aquí lo fácil está muy lejos de ser lo correcto. Cuando se extrae petróleo, se extrae también el gas del yacimiento. Si en superficie el gas no se puede usar o vender, se emite a la atmósfera. Esta es una práctica contaminante y agravante de la crisis climática que, por años, quienes extraen petróleo han empleado para deshacerse del gas. Más comúnmente, el gas se quema en antorchas metálicas conocidas como mecheros, lo cual sigue siendo una mala práctica porque la combustión también libera contaminantes atmosféricos que causan daños graves a la salud humana.
La quema del gas irradia calor, produce dióxido de carbono (CO2) y agua. De ella también emanan otros gases, por ejemplo, sulfuro de hidrógeno (H2S), un gas ácido que se vuelve destructivo al mezclarse en el agua. Si este gas y otros subproductos de la quema en mecheros se mezclan con el aire, las nubes y la lluvia capturan los componentes tóxicos en suspensión, y la carga de contaminantes transforma la lluvia en lluvia ácida. Las lluvias que bañan todo el territorio, cargadas de contaminantes, llegan al suelo y a las fuentes de agua, afectando por igual a cada ser vivo. Algo similar pasa con los óxidos de nitrógeno (NOx), que reaccionan con el oxígeno (O2) del aire y se produce ozono troposférico, que tiene efectos muy negativos en el sistema respiratorio y puede provocar inflamación de las vías respiratorias, cáncer de pulmón, entre otros.
El venteo consiste en liberar el gas a la atmósfera, emitiendo gas metano y otros gases a través de los mecheros. Aunque no pueda verse sin instrumentación especializada, el resultado es una pluma de gas metano. El metano tiene la propiedad de ser incoloro, lo que hace que las comunidades y residentes aledaños no sepan a ciencia cierta si los mecheros están o no contaminando. Además, el metano liberado calienta la atmósfera y es precursor del ozono troposférico, un contaminante que daña la salud y los cultivos, además de ser un potente gas de efecto invernadero.
La quema y venteo contribuyen al calentamiento del planeta y causan graves afectaciones a la salud con el tiempo. Estas malas prácticas se vuelven comunes dado que son baratas y los controles ambientales implementados son escasos. Estas emiten continuamente contaminantes a la superficie, afectando no solo los medios de vida y la salud de las personas de comunidades cercanas, sino también ecosistemas, el agua, la fauna y la flora alrededor de los mecheros, particularmente en periodos de larga exposición.
En ambas prácticas, el gas asociado a la producción petrolera es visto como un producto sin valor económico y no se considera su potencial energético, ni sus efectos contaminantes y agravantes de la crisis climática.
Idealmente, el gas debería capturarse y usarse como combustible, pero las empresas a cargo de la explotación de petróleo evitan invertir en sistemas de captura, almacenamiento, transporte y distribución de gas. No solo desestiman el gas como una fuente de energía, también desestiman el valor de los territorios libres de contaminantes, del derecho a vivir en un ambiente sano de las personas en las áreas de afectación y el derecho a un clima estable de cada habitante del mundo.
Desperdicio de recursos y contaminación
De acuerdo con el Banco Mundial, en 2024, se ventearon o quemaron al menos 151 billones de metros cúbicos de gas a la atmósfera en el sector petrolero y gasífero, una cifra récord. Para dimensionarla, es casi la mitad del consumo de gas de Europa y supera el total consumido en 2023 por los países del top 8 de mayores consumidores de gas del mundo, incluyendo Arabia Saudita, Canadá, Japón y México. Los números evidencian que ¡el gas que se quema o ventea podría cubrir necesidades energéticas de países enteros!
El Banco Mundial calcula que las emisiones de metano de 2024 pueden contaminar tanto como 389 millones (389 000 000) de toneladas de CO2 si la eficiencia en la quema del gas fósil es del 98 % y si solo 2 % de metano escapa a la atmósfera sin combustión. Este cálculo se basa en las mejores condiciones para la quema. Sin embargo, también reconoce que una eficiencia apenas 4 puntos menor, es decir, del 94 % en la quema, significaría tres veces más metano liberado, es decir, 138 millones de toneladas de metano ingresando a la atmósfera, a las que hay que sumarles los millones de toneladas de CO2 resultantes de la quema.
Combustión incompleta y emisiones fugitivas
La quema y el venteo de gas son una fuente significativa de emisiones de gases de efecto invernadero que siguen agravando la crisis climática. La efectividad durante la quema de gas fósil es tremendamente variable, con porcentajes que van del 62 % hasta el 99 %, lo que significa mayores emisiones de metano cuanto menor es la eficiencia.
De acuerdo con el IPCC, la quema y venteo se clasifican como emisiones fugitivas . Estas se refieren a las fugas de gas en toda la cadena de explotación, producción y refinación, almacenamiento, transporte, distribución y procesamiento del gas.
Las situaciones de emergencia son quizás el único caso en el que la quema y venteo pueden ser prácticas aceptadas. Esto sucede cuando la presión de los sistemas se eleva y su reducción es necesaria para evitar poner en riesgo la vida de personas trabajadoras y habitantes en los alrededores. Si hay un incendio, una ruptura de válvulas, daños en la cadena de extracción y producción de hidrocarburos o fallas de algún tipo que comprometan la estabilidad del sistema, entonces y solo en cortos periodos de tiempo puede entenderse como necesario quemar o ventear gas.
¿Por qué se debe evitar la quema en mecheros?
La quema y el venteo de gas no solo liberan grandes cantidades de gases de efecto invernadero (GEI), sino también precursores de GEI, otros hidrocarburos, material particulado y carbón negro (hollín). En particular, el carbón negro tiene la capacidad de absorber la radiación solar, lo que exacerba el calentamiento de los lugares donde se concentra.
Lastimosamente, la contaminación de la quema y venteo en mecheros ha sido subestimada por la industria y existen escasos estudios para contrastar. Lo más usual, a partir de la información relacionada con esta práctica, es tener reportes generales sin detalles de las características de la composición del gas y de la combustión o quema.
¿Qué se puede hacer? Mejores prácticas y otras acciones
La mejor y más ambiciosa alternativa es implementar procesos que no liberen metano a la atmósfera. En el corto y mediano plazo, para hacer frente al venteo o la quema, la alternativa es aprovechar el gas fósil. Esto implica inversiones para cubrir los requerimientos técnicos y de infraestructura necesarios para acondicionar, comprimir, transportar y almacenar el gas fósil. Con más detalle, las alternativas a las malas prácticas de quema y venteo son:
- Reinyección de gas en los yacimientos para ser preservados para el uso futuro.
- Reinyección del gas en los yacimientos para la recuperación mejorada del petróleo.
- Uso in situ o ex situ para la generación eléctrica.
- Instalación de la cadena de almacenamiento, transporte y distribución hasta los consumidores finales.
La gestión y aprovechamiento del gas fósil no sólo debe responder a la viabilidad económica de una alternativa. Sino también, a la gestión adecuada de un contaminante atmosférico y una sustancia peligrosa a la salud. Esto es obligación y responsabilidad de los productores.
Reflexiones finales
La reducción y eliminación de las emisiones de metano del sector petrolero y gasífero constituyen una clara oportunidad para lograr las metas de reducción de gases de efecto invernadero y quizás mantener el cambio climático por debajo de 2 °C, ya que con cada día que pasa cumplir la meta de 1.5 °C ya no parece ser realista.
Limitar la quema y el venteo a casos de emergencia permite la reducción de gases de efecto invernadero, incluyendo el metano, y abre una ventana de oportunidad gigante en nuestra carrera por mantener la temperatura del planeta en niveles que permitan el desarrollo estable de la vida.
La reducción del venteo y de la quema de gas fósil es una medida necesaria tanto para mitigar el cambio climático como para que las comunidades afectadas históricamente sean compensadas y se restituya su derecho a un ambiente sano. Existen alternativas, así como análisis técnicos y económicos de viabilidad, para la captura, transporte y uso final del gas. Los lineamientos para la aplicación de las alternativas deben evolucionar para ver más allá de los costos económicos, las inversiones y regalías, considerando también los costos ambientales y climáticos de no aplicar las alternativas.
Hasta ahora la quema y venteo son usuales, pero son prácticas que deben ser eliminadas para garantizar el derecho a un ambiente sano.